Analizando el cuadro 1
del capítulo de Carbonell (2001), “La innovación educativa hoy”, se puede decir
que este concepto admite muchos significados y niveles de análisis. Lo cierto
es que si nos detenemos a pensar en la naturaleza propia de la innovación, ésta
supone un cambio o mejora en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo
no siempre la realidad educativa personándose a través de las reformas
políticas, se corresponde con tal pretensión. Tal y como indica Peter Holly (1990) en
Carbonell (2001), en los últimos tiempos ha habido tres movimientos de reforma
educativa. El primero suponía “hacer lo mismo pero más”; el segundo “hacer lo
mismo pero mejor”; y el tercero “reestructurar y rediseñar el sistema
educativo”. No debemos confundir por tanto el término innovación con el de
reforma. De acuerdo con Angulo Rasco (1994), la reforma se refiere a cuestiones
de índole ideológico, “…simboliza los
intereses, sociales y económicos de una nación…” y poco o nada, en muchas
ocasiones, conecta con la realidad. Es
decir, en la mayoría de los casos, sin querer generalizar ni ser absolutista,
se trata de innovaciones inconexas, que desmontan la metáfora del puzzle
propuesta por Carbonell (2001) a partir de la cual, “el cambio es un puzzle terminado, y si falta una pieza se resiente el
conjunto”. Según esta tesis, todas las ideas, estrategias, recursos y
actividades que se aporten deben formar parte de un todo indivisible y conectado.
Al mismo tiempo, la innovación debe
caracterizarse por definición, por provocar cambios y mejoras sobre sus propios
cambios y mejoras. No puede ser lineal, sino un camino accidentado repleto de
obstáculos que reorienten nuestra andadura.
“Los
docentes…vienen a simbolizar normalmente la apretura de miras, la incursión en
nuevos mundos y concepciones vitales bien distintas de la rutina escolar,
suelen traer consigo métodos innovadores, posturas vitalistas revestidas de
profundas reflexiones y humanidad a raudales, aunque a veces venga acompañada
de cierto pesimismo respecto de la validez de su propia labor (Laurence Cuers,
en la película “Una semana de vacaciones”)
La perspectiva
consciente de este hecho nos hará libres para optar en la mayoría de los casos,
en términos de innovación, en palabras del poeta Frost en su poema Two Roads, por
el camino menos transitado.
Teniendo en cuenta esta
premisa dentro del proceso innovador, implica adoptar nuevas formas de
comportamiento y una consideración diferente de los alumnos/as (Salinas Ibáñez,
2008). De esta manera partiendo de la individualidad que debe caracterizar la
innovación, debemos de abordar la libertad de aprendizaje como un ejercicio de
insolencia que conduzca a la emancipación. Según Santos Guerra (2009) la
insolencia no debe ser entendida como una falta de respeto o brutalidad sino
como una afirmación de la autonomía individual. Es por ello que la innovación
debe ser insolente, o como dirían Postman y Weingaltner, “subversiva, para
enfrentar la realidad actual con la nueva realidad.
Debe ser además un
proceso consciente. En palabras de Angulo Rasco (1994), “…la innovación supone la creación de algo previamente desconocido, la
percepción de lo creado como algo “nuevo” y la “asimilación” de ese algo
novedoso…”. Este mismo autor señala que en la innovación no se profundiza
tanto en la estructura del objeto investigado propiamente dicho, sino que se
atiende a cómo afecta el proceso a quien lo adopta, extrapolando su incidencia
a dos ámbitos, uno subjetivo y otro objetivo, que están íntimamente conectados
con los conceptos de diseminación y difusión. Para Humble y Simons (1972) en
Angulo Rasco (1994), la diseminación, hace referencia a una acción voluntaria
racional, mientras la difusión se refiere a algo azaroso. Es por ello por lo
que se puede asimilar el término innovación con el de diseminación, dado su
carácter intencional. Es decir, la innovación debe ser previamente planificada.
Por su parte Becker y McLure (1978) en Angulo Rasco (1994), apuntan que la diseminación…es lo que se intenta que
ocurra y la difusión lo que ocurre en la práctica”. A este proceso de
planificación se añade el concepto de implementación definido por Fullam (1982)
en Angulo Rasco (1994), como el proceso de “puesta
en práctica de ideas, programas o conjuntos de actividades nuevas…con intención
o expectativa de cambio”, un concepto prolongación del anterior, y ambos,
extensión del término innovación.
En definitiva, la
innovación se podría entender siendo eclécticos, como un planteamiento individual
y colectivo planificado bajo una perspectiva libre, intencional e insolente, de
reflexión-acción autónoma, que haga partícipe al alumnado del sentido que
adquiere el conocimiento en la práctica y ejercicio de su vida cotidiana,
provocando necesariamente un cambio y mejora en el saber, y más profundamente en
el saber hacer y ser, fruto de un proceso de diseminación y/o difusión, y
consecuencia de una fase de implementación.

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