AUTONOMÍA DE APRENDIZAJE
“No teman, aprenderán lo que este colegio exige que sepan; pero, si puedo completar mi tarea, aprenderán aún bastante más. Por ejemplo, descubrirán el placer de las palabras; porque, pese a todo lo que les hayan podido decir, las palabras y las ideas tienen el poder de cambiar el mundo”. (Kleinbaum, 1991 adaptación del guión de Tom Schulman, 1989)
lunes, 9 de abril de 2012
sábado, 25 de febrero de 2012
PRESENTACIÓN DEL BLOG
Qué tal, os saluda Alberto J. Prieto Román, autor de este blog. Un blog que
pretende ofrecer un espacio de interacción constante, tanto entre el
profesorado como entre el alumnado del centro. En él podréis encontrar
múltiples enlaces, vídeos, radio, cultura, etc. En definitiva se trata de una
ventana al mundo de la investigación educativa. En la columna de la derecha
encontraréis enlaces de interés (Generales) y otros enlaces que he buscado por áreas
y distintos niveles educativos (Sobre todo tercer ciclo de Educación Primaria).
En la parte central, además de algunas entradas, podréis enlazar con otras
creaciones que han ido haciendo mis alumnos/as a lo largo de este curso y el
anterior, además de otras páginas relacionadas con la búsqueda, la cultura, el
deporte, etc. Los objetivos que se persiguen por tanto podrían ser los
siguientes:
-Desarrollar la autonomía del alumnado a través del fomento del espíritu
investigador
-Ofrecer una red de recursos al profesorado para la consecución de los
objetivos planteados en sus programaciones
-Ayudar al profesorado en el manejo de las TIC
-Provocar la reflexión sobre la propia práctica docente
Mis contenidos serán la autonomía, la investigación docente y discente, el
desarrollo TIC de los contenidos de la Educación Primaria (Sobre todo tercer
ciclo); y la reflexión sobre la propia práctica docente. Una reflexión para
empezar:
Profesorado-Actor-Espectador: Competencia didáctica y Formación permanente.
El actual enfoque del
Sistema Educativo nos habla de alcanzar alumnos/as competentes intentando hacer
un esfuerzo por reconocer la realidad y sus demandas. Delimita para ello ocho
competencias que hacen referencia a distintos planos o ámbitos “de la realidad”.
Esto obliga a que el docente se convierta a partir de ese momento en una
persona que debe saber, saber hacer y saber interpretar. Me cuestiono por tanto
las verdaderas competencias del maestro: Capacidad para memorizar, reproductor
de datos, transmisor de conocimientos,… y las sustituyo por algunas otras
alternativas: Invisibilidad en el aula, entendedor del conocimiento, autoridad
disciplinaria (Nieves Blanco, 2011), provocador de contextos de producción y
aplicación (Pérez Gómez, 2011 citando a Berstein)…
Nieves Blanco (2010)
citando a Cristian Laval define el término competencias:
“aquello por lo cual un individuo es útil en la
organización productiva (…) Conceder la prioridad más a las cualidades
inmediatamente útiles de la personalidad empleable que a los conocimientos
realmente apropiados –pero que no serían necesaria ni inmediatamente útiles
desde el p.v. económico- conlleva un grave riesgo de desintelectualización y de
deformación de los procesos de aprendizaje”(Christian Laval, 2004, 103).
Por su parte, Pérez
Gómez (2011) define las competencias de acuerdo con el informe DeSeCo:
“Combinación de
conocimientos, habilidades, actitudes, valores y emociones que activa el sujeto
humano para comprender y actuar ante situaciones complejas de la vida personal,
social y profesional”
Esto me hace pensar en
las verdaderas finalidades de los sistemas educativos; provocar procesos de
aprendizaje en los que los alumnos/as sean conscientes de lo que aprenden a
través de una metodología totalmente cercana a su realidad particular (Métodos
naturales de enseñanza y aprendizaje); en segundo lugar luchar por la igualdad
compartiendo la discrepancia y la diferencia, partiendo de la conciencia de
globalización, multilingüismo y multiculturalidad; que el alumnado aprenda
construyendo estructuras democráticas, tal y como se refleja en el cortometraje
“Escuela Viva” realizado por Julián Pavón; y por último, capacitar para
desarrollar criterios propios que permitan al alumno/a organizar la información
que les llega y utilizarla de manera práctica y eficaz en cualquier situación
de incertidumbre; es decir, capacitar para trabajar en la incertidumbre y lo
desconocido.
De esta forma no
podemos apoyar una educación que apuesta por la homogeneidad didáctica. No
podemos educar de la misma forma con los mismos recursos, con similares métodos
a personas que presentan características diferentes. Como ya he apuntado, la
homogeneidad docente, en este sentido, provoca desigualdad discente. Hemos de
saber distinguir entre saberes procedimentales (Lenguajes escrito, hablado,
lógico-matemático) y saberes sustantivos (Relativos a la sabiduría), y que se
orientan a la singularidad, a la equivalencia de oportunidades, a la
optatividad de los contenidos y aprendizajes. Reflexionemos pues sobre cuáles
son nuestras competencias de acuerdo con Pérez Gómez (2011): Diseñar contextos
y diseñar actividades. Contextos, en la medida en que los aprendizajes deben
ser producidos por los propios alumnos/as (Contextos de producción); deben
producirse mediante tareas prácticas y procedimentales que acerquen los
contenidos al alumno y al mismo tiempo a su realidad (Contextos de aplicación).
Por último añade los contextos reproductivos, en los que el alumnado aprende de
manera tradicional mediante una técnica de instrucción directa. En este caso,
partiendo de estas premisas, se puede intuir que el maestro deberá diseñar el
mayor número de contextos de producción y aplicación, reduciendo al máximo los
contextos reproductivos. Y en segundo lugar, Actividades, ya que constituyen
las experiencias de aprendizaje, por lo que prefiero denominarlas momentos de
aprendizaje. Dichas actividades o momentos deben formar parte de un continuum
dentro de la jornada escolar, es decir, se trata de provocar aprendizajes globalizados
en contextos en los que el maestro/a cree actividades, y haga uso de unas u
otras de acuerdo con su tipología (Introducción, desarrollo, finales,
evaluación, tics, refuerzo, ampliación, etc) en función de los ritmos de
aprendizaje de cada uno de los alumnos y el tiempo del que disponga para ello.
En este sentido,
resulta evidente el carácter permanente de la innovación en el ámbito docente,
dentro del marco de la formación. De acuerdo con Carbonell (2001) dicha
formación se debe realizar en dos planos: uno individual como resultado de la
preocupación personal por aprender y su bagaje como maestro/a-profesor/a, y el
otro, colectivo, haciendo referencia a las relaciones con otros iguales y
diferentes contextos con los que interactúa. Señala este mismo autor tres
apuntes: la formación personal y lectura crítica, en cuanto que se debe
fomentar el hábito lector individual y colectivo y la autoformación entre el
profesorado; la formación colaborativa o cooperativa, creando tiempos,
espacios, oportunidades y estímulos para enriquecerse unos de otros, a través
de proyectos de investigación grupales, abriendo las aulas a otros docentes,
encuentros externos para intercambiar experiencias, etc; y en tercer lugar la
reflexión, ya que no sólo vale la experiencia, sino que ésta hay que someterla
a la autocrítica, el análisis, a la mirada del otro, para que se produzca verdaderamente
el cambio y mejora personal, perseguida. Bajo esta perspectiva, considero que
aquel profesor innovador no es quien aplica lo nuevo sino aquel que provoca
nuevas reflexiones y como consecuencia nuevas motivaciones en el alumnado.
Quisiera hacer
referencia a un artículo de Santos Guerra en “La pedagogía contra Frankenstein”,
“Dar clase con la boca cerrada” en el que hace referencia a un libro de Ken
Bain, director del Center for Teaching Excellence de la New York University,
titulado “Lo que hacen los mejores profesores universitarios”. En él se exponen
los diez rasgos que deben caracterizar al buen profesor, extraídos del estudio
realizado a 63 docentes, considerados por los estudiantes como buenos
profesores, lo cual es bastante significativo:
El Centro Educativo: Micropolítica educativa y Cultura innovadora a partir de la reorganización.
“El Director es
el principal artífice de la realización efectiva del proyecto con un papel de
guía y coordinación de todos los colaboradores. Responde directamente ante el
productor y debe, además, de conducir en primera persona la ejecución del
trabajo, tener en cuenta las exigencias del guión. Participa a menudo en la
definición de los contenidos convirtiéndose a menudo a veces en coautor o autor
principal de la obra” (Steven D. Katz, 2000)
La escuela es una
organización compleja en la que se interrelacionan una serie de elementos materiales y personales, que
aceptan una cultura propia. Se hace pues necesario diferenciar y a la vez
destacar dos términos necesariamente relacionados: Cultura y Organización. Para
discernir y aunque parezca incongruente, conectar ambos conceptos, hemos de
partir de la premisa, de que no hay
innovaciones sin personas, unas condiciones organizativas que las hagan posible
(contexto), y una cultura que propicie la innovación (actitudes) (Pulido,R. y
Rodríguez, D. 2010). En muchos casos, esta innovación, sin embargo, se ve
truncada por factores condicionantes tales como la falta de tiempo, la falta de
ejemplos de buenas prácticas y una falta de entendimiento o de coordinación de
los valores que vamos a compartir como claustro. En este sentido tal y como
señalan Pulido, R. y Rodríguez, D. (2010), cabe preguntarse tres interrogantes:
¿Cómo surge la iniciativa de innovar?, ¿en qué ámbito queremos innovar?, ¿cuán
profundo pretendemos que sea el impacto de la innovación? La respuesta a todos
los interrogantes debe enmarcarse en el contexto referencial que condiciona
cada una de nuestras actuaciones pedagógicas: el currículum. En palabras de Pulido,
R. y Rodríguez, D. (2010), “no se
entiende un currículum en el vacío, sin un contexto organizativo, ni
organización que no esté sustentada en el currículum”.
Hemos
de formular nuestra respuesta pues, partiendo del propio currículo. “Desde el momento en que hay un guión, se
inicia el trabajo que derivará en que el director debe esforzarse por conseguir
que cada plano y cada secuencia ideada o guionizada tengan su razón de ser”(Steven
Katz, 2000). Es la dirección la que debe adoptar una postura flexible
respecto a las dos vertientes que articulan la organización (Rodríguez, D.,
2010):
-
Vertiente extrínseca: normativa
estructura, medios disponibles (espacios, tiempos, recursos)
-
Vertiente intrínseca: cultura,
relaciones, sistemas de participación, currículo oculto.
Ambas vertientes configuran el marco contextual de un
centro, un espacio referencial que
resulta difícil analizar teniendo en cuenta la realidad educativa que en él
tiene lugar. Frecuentemente nos dejamos llevar por una marea de acontecimientos
normativizados que condicionan nuestras actuaciones en el centro. Es por ello
por lo que se hace necesario abordar el estudio de una organización educativa de
acuerdo con Rodríguez, D. (2006) mediante
tres dimensiones complementarias: la institucional, la cultural y la
micropolítica. Es la dimensión institucional la que abstrae y/o distrae del funcionamiento real de un centro
dados los parámetros político-sociales imperantes que estructuran y dominan el
centro. Será por tanto el contexto micropolítico escolar, el que nos hará ver
la vida del centro, es decir, las verdaderas relaciones y jerarquizaciones de
manera directa y por ello, la comprensión de los problemas individuales de su
estructura organizativa. “Paradójicamente
todo funciona según lo regulado normativamente” (Rodríguez, D., 2006). La
peculiaridad del centro, la individualidad de cada grupo y profesional, la
singularidad de un determinado alumnado, con unas características concretas y
en un contexto preciso, se generaliza. Se desvirtúa por tanto la realidad y se
aculturiza y socializa en base a unos cánones pedagógicos, exigiendo la
preparación del alumnado para recorrer un circuito “a ciegas” por las distintas
etapas bisagra de adoctrinamiento. La administración obvia la dimensión
cultural del centro, sin entenderlo como una organización dinámica, en la que
conviven personas con unas expectativas e intereses distintos. Ello nos obliga
a pensar que se constituye un micro-mundo, con sus micro-normas, creándose
subculturas con ideas e interpretaciones prácticas divergentes. “…Es esta dimensión cultural la que puede
dar apariencia diferencial, única e irrepetible a cada organización…”(Rodríguez,
D., 2006) Es de esta forma como se
construye una dimensión micropolítica, en la que unos y otros grupos luchan por
hacer prevalecer sus ideales, lo cual entra a su vez en conflicto con una
estructura macropolítica que coarta su libertad y espacio crítico.
En este sentido, “…el director, encargado de mediar entre las
exigencias político-administrativas y las que derivan de la comunidad escolar,
se ha convertido en el centro de la diana hacia donde derivan los intereses en
pugna de los distintos sectores. Cada grupo sectorizado ha pasado a ser juez de
las actuaciones del otro, negociando sus intereses particulares con el director
del centro, encuentros privados son utilizados como estrategias de control para
mantener el poder”(Rodríguez, D., 2006).
Dentro de este marco macro y
micro-político, cabría reflexionar sobre la necesidad de plantearse
transformaciones en las prácticas escolares alejadas de la homogeneidad y
cercanas a la heterogeneidad didáctica, en las que el propio alumnado, como
público y espectador hasta el momento de la película, participe de la vida
escolar, y se convierta en la pieza clave del puzzle indisoluble que
señalábamos anteriormente, conformando una nueva cultura escolar no genérica
sino particular, en cada centro educativo. Es en este contexto en el que los
planos, las secuencias de aprendizaje empezarán a significar algo, y las
escenas cotidianas enriquecerán el rodaje con nuevas aportaciones. En resumen,
en palabras de Jaime Camino (2000):
¿Qué es innovación?
Analizando el cuadro 1
del capítulo de Carbonell (2001), “La innovación educativa hoy”, se puede decir
que este concepto admite muchos significados y niveles de análisis. Lo cierto
es que si nos detenemos a pensar en la naturaleza propia de la innovación, ésta
supone un cambio o mejora en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo
no siempre la realidad educativa personándose a través de las reformas
políticas, se corresponde con tal pretensión. Tal y como indica Peter Holly (1990) en
Carbonell (2001), en los últimos tiempos ha habido tres movimientos de reforma
educativa. El primero suponía “hacer lo mismo pero más”; el segundo “hacer lo
mismo pero mejor”; y el tercero “reestructurar y rediseñar el sistema
educativo”. No debemos confundir por tanto el término innovación con el de
reforma. De acuerdo con Angulo Rasco (1994), la reforma se refiere a cuestiones
de índole ideológico, “…simboliza los
intereses, sociales y económicos de una nación…” y poco o nada, en muchas
ocasiones, conecta con la realidad. Es
decir, en la mayoría de los casos, sin querer generalizar ni ser absolutista,
se trata de innovaciones inconexas, que desmontan la metáfora del puzzle
propuesta por Carbonell (2001) a partir de la cual, “el cambio es un puzzle terminado, y si falta una pieza se resiente el
conjunto”. Según esta tesis, todas las ideas, estrategias, recursos y
actividades que se aporten deben formar parte de un todo indivisible y conectado.
Al mismo tiempo, la innovación debe
caracterizarse por definición, por provocar cambios y mejoras sobre sus propios
cambios y mejoras. No puede ser lineal, sino un camino accidentado repleto de
obstáculos que reorienten nuestra andadura.
“Los
docentes…vienen a simbolizar normalmente la apretura de miras, la incursión en
nuevos mundos y concepciones vitales bien distintas de la rutina escolar,
suelen traer consigo métodos innovadores, posturas vitalistas revestidas de
profundas reflexiones y humanidad a raudales, aunque a veces venga acompañada
de cierto pesimismo respecto de la validez de su propia labor (Laurence Cuers,
en la película “Una semana de vacaciones”)
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